| talla | S, M, L |
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Vestido Maracuyá
$ 450.000
Descripción
Este vestido tiene un problema: es imposible ponérselo y estar de mal humor.
El estampado es una explosión de hojas y flores pintadas a brochazos anchos — coral, mostaza, azul y verde sobre fondo crudo — de esos que se ven desde la otra punta de la playa. Grande, alegre, sin miedo. Y arriba se convierte en estructura: el bustier lleva copas definidas con costuras a la vista que sostienen de verdad, con tiras delgadas que rematan sin peso.
De ahí la cintura baja y suelta una falda midi amplia y fruncida que se mueve con cada paso. El contraste entre el torso ceñido y ese vuelo es lo que hace toda la silueta: marca donde tiene que marcar y suelta donde se agradece.
Es algodón premium, liviano y de textura natural, así que respira de verdad — de los que aguantan sol de mediodía sin negociar. Y tiene bolsillos, esa cosa que nadie pide en un vestido de fiesta y todas agradecen a las dos horas.
Es para el almuerzo largo frente al mar, la conversación que no se acaba, el día que empieza con sol y termina con brisa.
Lo amarás porque el bustier sostiene y la falda libera, cada parte haciendo su trabajo. Porque el color hace todo y tú solo te lo pones. Y porque es de esos vestidos que salen en las fotos que uno guarda.
La ubicación del estampado puede variar entre prendas: cada una es única.
Detalles
Material: 100% algodón premium liviano, de textura natural y tacto suave.
Silueta fit and flare con talle ceñido.
Escote bustier con copas definidas y costuras a la vista.
Tiras delgadas.
Falda midi amplia y fruncida.
Bolsillos laterales funcionales.
Estampado tropical de trazos anchos en coral, mostaza, azul y verde sobre fondo crudo.
La modelo usa talla S.
Cuidados: lavar a mano o en ciclo delicado con agua fría. Secar extendido a la sombra. No usar secadora. Planchar apenas húmedo por el revés.
Cómo usarlo (y verte increíble)
Playa con planes, el look de nuestras fotos: collares de piedras y perlas en capas cortas — turquesa y crema, tomados directo del print —, brazaletes dorados apilados y pelo suelto con ondas de sal. Descalza en la arena o sandalia plana de cuero.
Almuerzo en la ciudad: moño bajo relajado, argollas doradas, bolso estructurado pequeño y sandalia de tacón bajo. La estructura del bustier hace que se lea pulido sin dejar de ser un vestido de verano.
Noche templada: recogido pulido, aretes dorados con presencia, labio coral o terracota y sandalia de tacón fino. El mismo vestido, otra hora, otra mujer.
El escote cuadrado del bustier acepta collar, y de hecho lo agradece: piezas cortas con textura — piedras, perlas irregulares — que sumen al espíritu artesanal. Lo que no cabe es una cadena larga: corta justo la línea del talle.
Las tiras delgadas son un regalo práctico: brasier strapless o adhesivos, sin ingeniería complicada, porque las copas ya sostienen. Y si vas a bailar, el bustier hace su trabajo solo.
El print manda y no comparte: coral, mostaza, azul y verde ya son cuatro conversando. Zapatos y bolso en cuero natural, crudo, dorado o nude — ningún color nuevo. Si quieres jugar, saca uno del estampado y repítelo en el labio.
Los bolsillos son de verdad, pero con criterio: llave, labial, celular. Nada que abulte la cadera, que es justo donde arranca el vuelo y donde el vestido está trabajando.




































